Resulta que el profesor Evangelos Michelakis, de la universidad de Alberta (Canadá), ha descubierto que esa sustancia elimina el cáncer en ratas. El problema de esa sustancia… Según leo por ahí es que, cómo no puede ser patentada, pues a la industria farmacéutica no le es rentable pagar la experimentación y los ensayos por si pudiese ser efectiva en humanos. Si fuese un medicamento que produce bienestar pero no elimina totalmente la enfermedad, otro gallo cantaría; pero si se elimina una tan mortífera enfermedad con una pastillita que cuesta dos reales… ¿dónde está el negocio?
Lo peor es que se ha corrido la voz por la red y hay cientos de personas que, en busca de un milagro, están abusando del dicloroacetato por su cuenta y riesgo; aunque, considerando que la mayoría son enfermos terminales de cáncer, quizás no habría que definir esto como lo peor. Lo mejor que, con tanta publicidad, le ha salido alguna que otra novia (o novio, que sino me riñe ZParo) para servir de conejillo de indias con la nueva aplicación de este fármaco, pues desgraciadamente no les queda mucho que perder, y la esperanza nunca se pierde.
